Fernando Montero conducía su elegante Mercedes por la carretera, era una hermosa noche estrellada, desde su posición podía divisar como la luna se reflejaba en el basto mar.
Pero el no pensaba en el hermoso paisaje, ni siquiera lo disfrutaba. Permanecía imperturbable reviviendo una y otra vez los besos que se habían dado con Anna.
Si bien estaba seguro de la decisión que había tomado, no podía evitar sentir un terrible vacío en su alma.
¿Cómo no se había dado cuenta del amor que sentía por An