Alonso se acercó lentamente a la joven que seguía mirando hacia abajo secándose las lágrimas con las manos.
_Anna... Mírame.._ dijo sacandole las manos de la cara._ necesito que me digas, que es lo que está pasando... no me iré de aquí, hasta que no hables.
Ella trataba de negarse a hablar, no tenía fuerzas ni siquiera para pensar.
Lo miró, sus bellos ojos grises teñidos por el rojo del llanto, movilizó al hombre.
_ Señor Alonso, discúlpeme por lo que acabo de hacer! .. fue una tontería._ se le