El silencio se prolongó demasiado.
Lily finalmente giró la cabeza, con una leve arruga entre las cejas. —¿Por qué me miras así?
No me había dado cuenta de que la estaba mirando fijamente.
Mi voz salió más lenta de lo normal. Medida. Controlada. —¿Qué querías decir?
—¿Sobre qué?
—Tu hija.
La palabra sonaba extraña en mi boca. Pesada.
Apretó los dedos alrededor del tallo de su copa. La cálida bruma del whisky la había suavizado antes: la había hecho reír con más facilidad, acercarse más, tocar mi