Cerré la puerta de mi habitación de un portazo.
El sonido resonó por la habitación, agudo y definitivo, pero no apaciguó la tormenta que sentía en la cabeza. Me quedé allí un momento, mirando fijamente el espacio a oscuras, con el pecho subiendo y bajando demasiado rápido. Tenía las manos apretadas a los costados, los dedos curvados como si aún me aferrara a algo que acababa de perder.
Lily.
La forma en que apartó su mano de la mía se repitió una y otra vez. Nada dramática. Nada enfadada. Solo…