La rutina de Alice para irse a dormir empieza exactamente a las ocho.
No porque necesite una estructura —dormía en cuanto el cansancio la vencía—, sino porque los niños prosperan con la constancia. La previsibilidad. Fomenta la seguridad. Eso dicen todos los expertos. Y no confío en el instinto cuando existen datos.
Esta noche, lo supervisaré yo mismo.
Margaret pareció sorprendida cuando se lo conté. No alarmada ni desaprobadora, solo… sorprendida. Como si mi presencia en la velada de mi hija f