Todos observaron en silencio. En todo el salón no se oía ni un solo sonido, salvo los sollozos de Bella, ahogados por una humillación llevada al extremo.
—Señorita, ¿se siente ya más tranquila? —preguntó el Señor Simon con cautela, de pie a un lado.
Sylvia saboreó el pastel que tenía en la boca. Al oírlo, alzó la mirada hacia él y sonrió.
—La Señorita Bella primero dijo que yo era una aprovechada, luego que era una ladrona, después afirmó que había escapado del barrio marginal y hasta quiso obl