POV: Sigrid
La madera fría y dura de la mesa de curaciones chocó contra mi espalda desnuda, pero apenas registré la incomodidad. Mi piel ardía, envuelta en una fiebre que había estado incubándose durante cinco largos y gélidos años en el Norte.
Haldor no me dio tiempo para pensar, ni para respirar. Sus manos gigantescas, ásperas por empuñar acero y domar monstruos, se movieron con una prisa feroz y devastadora. En un solo tirón brutal, el cuero oscuro de mis pantalones cedió, deslizándose por m