POV: Astrid
—¡Qué alguien me diga qué demonios está pasando allá afuera! —Era una petición retórica, nadie era capaz de dirigirme la palabra. Las paredes de mis aposentos en el Ala Este parecían estar cerrándose sobre mí.
Caminaba de un extremo a otro, pisando los restos de cristal roto y joyas que yo misma había destruido en mi ataque de pánico matutino. Mis damas de compañía lloraban en silencio en un rincón, aterrorizadas por mi comportamiento errático y por los guardias de armadura oscura