Sebastian enganchó el encaje de sus bragas con dos dedos y las arrastró por sus piernas, lanzando el trozo de tela a un lado.
El aire besó su capullo expuesto; ella sentía cada roce, cada pequeño cambio de temperatura entre ellos.
Era consciente de lo abierta y vulnerable que estaba bajo su mirada.
Sus ojos volaron hacia el techo espejo que reflejaba toda la escena que ocurría en la habitación.
Podía verse los muslos internos, la forma en que su entrada se abría y cerraba ligeramente con cada m