"¿Qué se supone que debo hacer?". Burton casi gritó, ahogado en la más absoluta impotencia. "¡El Príncipe Xaden no me dejará acercarme a menos de cien millas de mi propia hija y si tan siquiera la miro mal, lo perderé todo!".
Kenneth, sin embargo, no se inmutó ante su difícil situación. "Sí, y de un modo u otro, ya sea por mi mano o por intervención real, tendrás tu merecido por fallarme".
Burton apretó la mandíbula, endureciéndose lo mejor que pudo. "De todos modos, no importa. La línea de sa