Mundo ficciónIniciar sesión—¡Abre esta puerta, Gibran! —bramó Victoria desde el interior, tras el cristal sellado por fuera.
Su voz rasgó el silencio de la noche portuaria, donde flotaba el olor a mar y óxido. Apretó con fuerza el picaporte mientras sus ojos se clavaban en la figura del hombre de traje oscuro, que permanecía impasible bajo las luces de los contenedores. Gibran no mostraba el menor rastro de culpa; al contrario, se había metido las manos







