Las llaves cayeron sobre la mesa con un sonido pequeño y definitivo.
No fue un estruendo. No hubo drama, ni lágrimas, ni frases ensayadas para convertir la escena en despedida. Solo cuatro piezas de metal y un sobre con códigos impresos saliendo de una bolsa de tela que Bianca había sostenido con ambas manos desde que entró al apartamento Zanetti.
Adriana oyó el golpe y supo, antes de que Bianca explicara nada, que algo acababa de perder su forma antigua.
Bianca había llegado a las seis de la t