Tomás eligió un café en la Avenue des Beaux-Arts para la reunión.
No era el tipo de espacio que usaba para los movimientos importantes. Esos ocurrían en despachos privados, con ventanas que no daban a la calle y puertas que aislaban el sonido. Un café era otra cosa: el lugar donde una conversación podía parecer casual, donde un hombre como Tomás podía fingir que no estaba negociando una vida, sino comentando el clima.
Cuando Franco llegó, Tomás ya estaba sentado con un expreso a medias y los pa