El funcionario se llamaba Renard. Cuarenta y tantos años, traje gris, el tipo de amabilidad profesional que no dejaba espacio para la temperatura humana. Llegó a las diez con una asistente y una grabadora que depositó sobre la mesa como si fuera un objeto sin importancia.
No lo era.
Franco lo supo en el momento en que Renard abrió la carpeta y extrajo un formulario de doce páginas titulado, en letra pequeña y sin ornamentos: Procedimiento de revisión de consentimiento matrimonial en contexto de