La sala tenía capacidad para cuarenta personas.
Llegaron noventa y tres.
Adriana lo contó mientras esperaba en el pasillo, con los documentos del fideicomiso en una carpeta y el nombre de Nerea De la Vega Costa en la primera página. Franco estaba a su izquierda, no delante ni detrás. Esa posición, que llevaba meses aprendiendo a ocupar, tenía ahora un peso diferente: no era táctica. Era la forma que había encontrado de estar presente sin anticiparse.
—¿Estás lista? —preguntó él.
—Sí.
—¿Quieres q