Franco llamó a las diez de la noche.
No era hora de informes. Damián ya le había enviado todo por el canal correspondiente: el comunicado de Beatrice, la respuesta del fideicomiso, la reunión de Sanna con el despacho de Beatrice a las ocho de la mañana y las líneas de vigilancia abiertas en Mónaco. Si Franco llamaba a esa hora, no era porque necesitara una actualización.
Adriana lo supo antes de contestar.
El teléfono vibró sobre la mesa de la sala de trabajo, junto al cuaderno donde había escr