Por la mañana, Mía se siente muchísimo mejor. Cuando abre los ojos, está confundida, porque no es donde ella se quedó a dormir. Nathan no está allí, lo que agradece, porque no quiere enfrentar su mirada de odio.
Suspira como siempre y se levanta, llaman a la puerta y tanto Dalia como Steven entran a la habitación.
—¡Pero qué maravilla! —dice la mujer feliz de verla más repuesta—. Le traigo el desayuno.
—Y yo vengo para quitarle la vía, ya no será necesario que la tenga puesta.
—Esa es una buena