Mía espera a que Verónica llegue para relevarla como cada mañana, se acerca a Nathan y le habla con dulzura al oído.
—Te amo, mi niño dañado, regresa pronto… te estamos esperando, Steven quiere contarte algo, yo quiero tus abrazos, tus besos, extraño esa sonrisa que me desarma… por favor, despierta.
Lo besa con delicadeza, sonríe y se limpia las lágrimas que le salen traicioneras, suspira con entereza y se queda allí, hasta que la voz de su madre la saca de sus pensamientos.
—Buen día, hija,