Para cuando Mía abre de nuevo los ojos, se encuentra la expresión afable del doctor Steven Sanders, sabe que ahora está en manos seguras y que él no le mentirá acerca de Nathan.
—¡Steven… dime qué le pasó a Nathan, por favor! —dice sentándose en la cama, pero él la calma enseguida.
—Primero, quiero que te calmes, lo que te pasó no es algo sencillo… —ella baja la mirada a su vientre y las lágrimas comienzan a correr—. Tú y yo tendremos una conversación muy larga luego, pero ahora quiero que me