Punto de vista de Aria
El camino de regreso a la habitación de Valente fue silencioso y pesado. Elisa me seguía unos pasos, con aspecto ya agotado. Llevaba un grueso edredón doblado sobre un brazo y dos almohadas apretadas torpemente contra su cadera. Me moví despacio, con los pies descalzos fríos sobre el suelo pulido, intentando mantener la respiración tranquila. Sentía los nervios como cables de alta tensión, chispeando bajo la piel. Tenía el estómago hecho una bola de tensión, y no sabía si