Rockefeller en la banca rota.
Emir
Estaba en el jardín con mi hija y el hijo de Eiza disfrutando de un refresco bajo el cálido sol. Eiza se encontraba en el trabajo, pero yo me sentía acompañado. Mi madre, don Pablo y la señora Carmela estaban ahí también, y por primera vez en años, sentí la calidez de una familia. Era un momento que jamás imaginé vivir, estar con mi madre, con el amor de mi vida y con mi hija, y Eliazar. Sin embargo, en mi corazón seguía habiendo un pequeño vacío.
Pensaba en Erin. Nunca creí que pudiera se