Eiza.
Me desperté esa mañana con una sonrisa en mi rostro. Era imposible ocultar la felicidad que sentía. Mi corazón, por fin, estaba completamente compartido con Emir. Y lo mejor de todo era que él quería ser el padre de mi hijo. Ese pensamiento me llenaba de una alegría indescriptible, aunque también sabía que debía hablar con él sobre los trámites para legalizar la paternidad, porque me asustaba la idea de que Kadir pudiera intentar algo en ese sentido.
Sacudí mi cabeza, alejando esos pensam