Miedo latente.
Eiza
Abrí los ojos lentamente. Mi garganta estaba seca, y lo primero que vi fue a Emir a mi lado, con la cabeza agachada mientras sostenía mi mano. Sentí cómo su agarre se tensaba cuando notó que despertaba. De pronto, levantó la mirada, con los ojos llenos de preocupación.
—Mi amor, ¿estás bien? —preguntó con un susurro nervioso—. ¿Cómo te sientes?
Me di cuenta de lo demacrado que se veía. Había estado velando por mí todo este tiempo.
—Me siento... bien —murmuré—. Solo que tengo mucha sed. Me