La pesadilla finalmente había terminado.
Emir
No podía dejar de pensar en ella. La desesperación me estaba carcomiendo. Habíamos rescatado a su hermano y a Laurien, pero el maldito Kadir había escapado llevándose a mi esposa. Subí al lanchón con una de las autoridades, intentando mantener la calma, aunque todo dentro de mí se estaba desmoronando. El tiempo corría y la búsqueda se volvía eterna. Sabía que si no la encontraba pronto, me volvería loco.
—Por favor, apúrese —dije, con la voz temblorosa por la mezcla de ira y miedo que me r