Es mi hija.
Emir
Por primera vez en mucho tiempo, sentí una sonrisa sincera formarse en mi rostro. Mis pies, aunque tambaleantes, respondían. Las piernas aún flaqueaban, pero el simple hecho de estar de pie era una victoria inmensa. No pude evitar reír mientras Alexander me aplaudía, su voz resonando llena de orgullo.
—¡Lo estas logrando!
—Muy bien, señor Emir. Un paso más, míreme, sin miedo —me animaba el especialista desde un costado.
Levanté la cabeza y di unos pasos más, sintiendo cómo el temor a caer