Encontrándome con Kadir.
Eiza.
—Habla de una vez, ¿dónde nos vamos a encontrarnos? —espeté, queriendo poner fin a este infierno de una vez por todas.
—Qué ansiosa, querida Eiza. No te preocupes, ya te diré a dónde ir. Sabes que te estoy vigilando, ¿verdad? —respondió con su tono repugnante, cargado de superioridad.
Mi estómago se revolvió. Sabía que estaba en sus manos, y odiaba sentirme tan vulnerable. Lo único que me mantenía en pie era el pensamiento de mi hermano y de mi amiga, de salvarlos de las garras de ese loc