Balacera.
Emir
Estaba asombrado por todo lo que veía, montones de lingotes de oro brillando en ese lugar. Me invadían los conflictos; no podía creerlo. Miré a mi madre y le pregunté si mi hermana sabía de todo esto.
—Sí, hijo, desde un principio. Ella escuchó la conversación hace años, cuando tenía solo 15, y se lo contó a Osvaldo. Pero jamás les di una pista de dónde estaba la clave. Nunca lo imaginaron, por esa razón me estaban acechando todo el tiempo.
Solté un suspiro cargado. ¿Cómo era posible que t