Nadia.-
Vi como Lina parpadeaba mientras le contaba lo que hice con el desgraciado del doctor en la cueva, sus expresiones pasaban desde el asombro hasta el asco y el orgullo.
— No puedo creer que hayas hecho todo eso
— Y aún le falta lo peor –mi tono salió peligroso –los hombres de Emil…
— Tus hombres –me interrumpe –estos también son tus hombres Nadia, ya comenzaste a demostrar tu poder en este lugar.
— Mis hombres –digo sonriendo y ella también lo hace –le están curando las heridas.
— ¿Cómo