—¿Miedo? No tengo miedo...
—Sabes una cosa, Verónica —siguió ella
con voz tensa pero controlada—, la verdad es que es sumamente desagradable encontrarme contigo en este lugar.
Verónica soltó una risa seca y la miró con una ceja perfectamente depilada alzada, destilando desprecio.
—¿No crees que es más desagradable para mí encontrarme con una zorra y mentirosa como tú? —escupió rabiosa.
Valentina apretó los puños a los costados de su cuerpo con tanta fuerza que sus uñas se clavaron en las palm