Jacob.-
Mi hermosa madre como siempre llegando de manera tan inoportuna y en el mejor momento de la situación, salió de la cocina pegando alaridos por toda la casa.
— ¡Ay por dios que vergüenza, qué vergüenza! ¿Qué va a pensar tu madre de mí ahora? –Natalia caminaba de un lado a otro cubriéndose el rostro.
— Pequeña no te preocupes deja que yo hable con ella –Me acerco para dejarle un besito, pero ella se aparta.
— ¡Aléjate! Anda y habla con tu madre, ahora dañé toda la relación que había const