Sinfonía Nro. 40
Jacob.-
El desayuno fue ameno, demasiado para mi gusto, Natalia estaba disfrutando de la conversación con la abuela, hasta que yo llegué su semblante había cambiado y sonreía casi por obligación, seguro percibió mi tensión cuando se mencionó los afortunados que éramos ambos por estar comprometidos, los dos sabíamos que esto era una farsa.
— ¿Jacob sabías que Natalia toca el piano? –Miré a mi abuela sorprendido y luego fije mis ojos en Natalia.
— No yo lo sabía –Respondió mi madre. –Me agrada s