Suspiro y tomo sus manos, separándolas de mi rostro, separándolo de mí antes de que las cosas se pongan mucho más intensas y pierda completamente el control de mi ser. En momentos como estos, agradezco estar apoyada contra el auto, porque aunque fui entrenada para sobreponerme a todo tipo de situaciones límite y jamás me ha temblado el pulso ni una sola vez, sin que importase el momento o lo que hacía, y aquí me tienen ahora, temblando como una maldita gelatina, a pesar de que hago un enorme es