Lunes a primera hora, momento de reiniciar la semana y que yo odie a la humanidad. El despertador suena y me levanto sin ánimos, aunque gracias a Dios, con un poco menos de dolor. Estoy bastante acostumbrada a soportar dolor, me entrenaron de esa forma, a no gritar aunque se me rompan los huesos, a tolerar silenciosamente aunque me estén acuchillando, y aunque no es que me guste precisamente, eso no quiere decir que no pueda aguantarlo.
Fingir que no sientes, que no te ha afectado lo que te han