Cuando el despertador por fin suena, gruño completamente frustrada. No he dormido absolutamente nada, porque entre el dolor que volvió por la finalización del accionar de los analgésicos y la bronca por lo que pasó anoche, que no pude desfogar porque no puedo ir al gimnasio así como estoy, no pegué ojo en el tiempo que me quedaba para poder descansar.
Solo pude pensar y repensar en lo que hablé con J.J. y en quién es el maldito soplón que causó todo esto. Voy a encontrarlo, sin lugar a dudas,