— ¡Amélie! ¡Despierta!
Me removí y me tapé la cara con una de las almohadas.
— ¡Hey, princesa! ¡Levántate!
Abrí los ojos y me topé con unos ojos verdes.
Me levanté sobresaltada y me senté en la cama.
— ¡Oh no! ¿Me quedé dormida? ¿Qué día es? ¿Qué hora es? ¿Dónde estoy? — pregunté todo rápidamente.
— Si, te quedaste dormida. Hoy es lunes. Son las tres de la tarde y estás en mi habitación, en mi cama.
— ¿Cuánto tiempo dormí?
— Veinte minutos — sonrió — Ahora vente que ya está lista la comida.
Lo s