POV: Zoé Dupont
La puerta de la armería se cerró detrás de nosotros, aislándonos del búnker, de Dante y, sobre todo, de la maldita risa de Rebeca.
El silencio duró un segundo.
—¿"Para siempre"? —solté, girándome hacia él como una víbora acorralada—. ¿Se te ha congelado el cerebro en esa montaña tuya? ¿Qué demonios ha sido eso de "hasta que yo decida"?
Lucien caminó tranquilamente hacia una pared repleta de rifles de asalto y pistolas automáticas. No parecía afectado en lo más mínimo por mi estallido. De hecho, había una curva divertida en sus labios que me hizo querer golpearlo.
—Era una declaración de intenciones, Zoé —dijo, pasando sus dedos largos sobre el metal frío de una Sig Sauer—. Necesitaban saber dónde estás en la jerarquía. Ahora lo saben. Estás arriba. Conmigo.
—¡Me has hecho sonar como una propiedad! —grité, caminando hacia él—. "Ella es mía". "Se queda para siempre". ¿No se te ocurrió preguntarme? ¿O es que tu ego de Alfa no cabe en este sótano?
Lucien se giró, apoyando