Narrado por Alex
La mansión de Gianluca Salvatore no era una casa; era una fortaleza de piedra clara erguida sobre un acantilado, con vista a un mar nocturno que engullía cualquier sonido de desagravio. Al entrar, sentí el peso de siglos de poder en los silencios amplios, en los ojos fríos de los hombres armados dispuestos como estatuas a lo largo del pasillo principal.
Pero ningún peso se comparaba al que sentí cuando todos los ojos en la sala del salón principal se volvieron hacia nosotros.