Alex narrando
El primer rayo de sol traspasó las rendijas de las pesadas cortinas, iluminando el vacío a mi lado en la cama. Mi brazo extendido encontró solo el frío de la seda arrugada, donde horas antes el calor del cuerpo de Luna había ardido como una brasa viva. Me erguí de un salto, los sentidos inmediatamente alertas. La habitación estaba en silencio, pero el aire aún cargaba su perfume – una mezcla de flor salvaje y el olor único de nuestra noche.
Mi mirada cayó sobre las sábanas. Allí,