Isabella
Tres días después de que Alejandro regresara abruptamente de Nueva York, el aire en el búnker se había enrarecido con la tensión de su furia corporativa. Estaba encerrado en su oficina, destrozando a su socio de Frankfurt. Su obsesión, por una vez, estaba dirigida hacia afuera, dejándome libre para actuar. Pero la transferencia de fondos (la primera carga) no era suficiente. Necesitaba el plano de la totalidad de sus activos líquidos y la clave maestra de sus propiedades de emergencia.