Ariam condujo a su hermana Dani hacia la imponente mansión que compartía con su esposo, Derek. La niña, asombrada, observaba con ojos abiertos y admiración cada detalle del lujoso entorno. Era la primera vez que experimentaba tal opulencia y confort, ya que durante su tiempo con los yakuza, habían vivido en condiciones precarias y guaridas infectadas de ratas.
Ariam sonrió al ver la expresión de sorpresa en el rostro de Dani. Mientras caminaban por los amplios pasillos adornados con elegantes o