Ariam se encontraba en su bien decorada oficina, donde predominaba el estilo elegante y sobrio. Las paredes estaban cubiertas con paneles de madera oscura, resaltando el contraste con la iluminación tenue proporcionada por lámparas de diseño clásico. Un cuadro exquisitamente enmarcado capturaba la esencia de una cautivadora obra de arte que adornaba una de las paredes. Esta pintura evocaba una amalgama de emociones, desde la nostalgia hasta la admiración, y recordaba sin cesar su destacada posi