El cuerpo de Ariam estaba lleno de dolor agudo y punzante. Cada inhalación se convertía en un tormento que le robaba el aliento, mientras el frío penetraba en su piel hasta lo más profundo de sus huesos. Su mirada recorrió la habitación en busca de algún indicio de las otras chicas que estaban allí antes de que se desmayara, pero no encontró rastro de ellas. Se sentía completamente sola, abandonada en aquel lugar oscuro y siniestro.
Encogiéndose sobre sí misma, Ariam apretó con fuerza el poste