Cuando Gabriel salió, le cerró la puerta. Se quedó de pie afuera, con una presión en el pecho. Se desabrochó el primer botón de la camisa, como si eso pudiera ayudarlo a respirar mejor.
No quería recurrir a trucos; deseaba que ella regresara a su lado por voluntad propia. Pero Regina se resistía a su cercanía, negándose a darle otra oportunidad.
Gabriel sabía cuál era su punto débil. Se quedó ahí, bajo la luz del pasillo, un buen rato antes de sacar el celular y hacer una llamada.
***
Estudios Aurora no la llamó, así que Regina no volvió a sus oficinas. Pasó una semana recuperándose en casa y, en cuanto el pie dejó de dolerle, fue al taller.
Durante esa semana no vio a Gabriel, lo cual la alivió. Quizá su amenaza había funcionado. Ya no se lo encontraba cuando bajaba a la tienda.
Tal vez ya hasta se había mudado. Como por el momento no le salían trabajos de diseño, Regina habló con Verónica. Decidieron poner a la venta un lote de esmeraldas de excelente calidad para hacer piezas person