CAPÍTULO 87 – No, no puede ser.
Una semana después.
En la aséptica habitación de la Unidad de Cuidados Intensivos, en la que se encontraba internada Camila, Alex suspiró, mientras en las yemas de sus dedos sentía las pulsaciones de su esposa, quien aún permanecía inconsciente.
Aquel simple latido, junto a la existencia de sus tres hijos, era lo único que le permitía no perder las esperanzas y la fe. Si bien él siempre se había considerado ateo, no podía negar que, en ese momento, se sentía profundamente enfocado en la oraci