Liv serpenteaba caminando de prisa por las calles sintiéndose más ligera, por lo menos había podido pagarle una parte adelante a los delincuentes que ya empezaban a asfixiarle con amenazas.
Aún sentía las consecuencias de el ataque de nervios y miedo que sufrió al enfrentarse a ellos de nuevo.
Estaba hecha un desastre cargaba una que otro rasguño pero por lo menos había podido evitar llorar como una niña.
Después de esa noche en la que estuvo en el cielo los días siguientes se convirtieron en u