Rodrigo le ofreció otra copa de vino que Alex declinó. Ya había tomado dos durante la cena y no estaba acostumbrada al licor.
Durante un rato escucharon a Mirtha en el piano, hasta que ésta dijo que ya era suficiente y con una sonrisa se despidió de los jóvenes.
—Es hora de que este par de viejos se vaya a la cama. Por favor, Alex, siéntete como en tu casa. Mauricio, hijo, hazla sentir cómoda. Buenas noches.
Se despidieron y los dejaron solos.
Mauricio invitó a Alex a sentarse en el porche para