El silencio que había entre nosotros era demasiado sofocante aun tuviera mis audífonos puestos ¿Por qué? Mason se había dado a la tarea de no decirme nada desde que salimos. Aunque no sabía por qué estaba de un humor de perro rabioso, con la mirada fija hacia la carretera, y la mandíbula rígida, la mano izquierda sobre el volante de cuero negro y la derecha en su muslo, moviendo sus dedos como si estuviese tocando el piano como un instrumento de percusión. Estábamos vestidos con nuestros unifor