No hay descanso

Mitchell:

Abrí mis ojos oyendo enormes golpes, los candelabros que pendían del techo de la enfermería se movían, las ventanas que había al fondo se movían, los frascos que habían reemplazado nuevamente se movían al igual que su contenido. Y como era de costumbre, había caído al ver aquella criatura, me sentía cansado, con los huesos aun débiles y sin esa persona que estaba sentado al borde de mi cama, habría estado solo. Estaba acariciando al gato de mi hermana, Shukaku se llamaba y estaba enojado, pero no podía rasguñar a la persona que lo acariciaba aunque quisiera.

—Shukaku siempre supo quién era yo, lo bueno es que no hablaba, sino, habría sido un gran dolor para Elisa perderlo.

—No te atrevas —gruñí mientras me incorporaba.

Su mano blanca pasaba de su cabeza a todo su cuerpo de una manera que no agradaba al minino blanco que intentaba sacar sus garras.

—Le dolerá demasiado —repitió sin levantar los ojos, su oscuro cabello y sus pobladas cejas oscurecía demasiado sus ojos r
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