Cruzamos ríos y colinas, y más colinas. Los árboles cada vez eran más altos y más juntos con grandes ramas altas y bajas. La neblina se intensificaba conforme avanzábamos. Sin embargo, ya no sentía el frío que debía sentir, porque desde lo que había pasado en Eastanollee me había quedado congelada, pensaba constantemente en Mason y en lo que habíamos hecho, en lo que yo había decidido, me decía que todo saldría bien y que solo debíamos mantenernos juntos y evitar salir heridos.
La hojarasca cru