Lieve debía empezar a temer más por su propia seguridad que por cualquier otra cosa. Verenice ya no sería su única enemiga dentro del palacio; su camino pronto estaría plagado de rivales peligrosas y, posiblemente, de múltiples intentos de asesinato apenas disimulados. Las miradas de las otras omegas no dejaban lugar a dudas. Algunas tal vez no llegarían tan lejos, pero otras llevaban la audacia y la amenaza grabadas en los ojos.
La tensión que se había apoderado de la sala era casi asfixiante